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El Zátopek de Jean Echenoz

22 noviembre 2010

Con Ravel, Jean Echenoz inició un camino literario consistente en novelar vidas de personajes singulares. Ese camino continúa con Correr, sobre el atleta checoslovaco Emil Zátopek. Digo novelar la vida ya que no se trata de una biografía ni pretende serlo. Echenoz, en cambio, se centra en la voluntad de Zátopek por correr, correr y correr como antídoto contra los adversarios, contra las dificultades del régimen bajo el que vive y contra sus propios límites. Por el camino, casi sin notarse, Echenoz dibuja un personaje inolvidable, enternecedor, que triunfa –es el triunfo del escritor– por encima de las hazañas atléticas que ya conocíamos.

Lo último de Le Carré

27 septiembre 2010

Un gran momento de la entrevista que le ha hecho Iker Seisdedos a John Le Carré, publicada hoy en El País. El periodista le pregunta –otra vez– sobre Kim Philby, quizá el más célebre de los espías tránsfugas del MI6, que, entre otras cosas, delató al propio Le Carré cuando el ahora escritor pertenecía también al servicio secreto británico en el exterior.

No estreché su mano en Moscú cuando pude, en 1989. No quería dignificarlo, como él pretendió tras el parapeto ideológico del comunismo. Cuando nos traicionó, él ya era consciente de lo que era capaz Stalin. Cuando fui a Alemania por primera vez a finales de los cuarenta aún olía a muerte. No entendía cómo habían sido capaces. Luego, ya de mayor, me di cuenta de cada país tiene su barbarie. Y que la barbarie no es un atributo solo de los hombres poderosos. Es consecuencia de la mediocridad. Gente normal haciendo cosas horribles.

Todo al hilo de Un traidor como los nuestros (Plaza y Janés), último libro de Le Carré. Dice que no hará más entrevistas después de esta promoción. También dice que lo más probable es que no llegue nunca a escribir esa autobiografía suya que tanta gente espera.

Lo último de Martin Amis, en primavera

24 septiembre 2010
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La edición española de The Pregnant Widow, la última novela de Martin Amis, no verá la luz en España hasta la primavera de 2011, según fuentes de Anagrama, su editorial española. Mientras, continúan en preproducción las adaptaciones cinematográficas de Campos de Londres (a cargo de Michael Winterbottom) y de Tren nocturno (la dirige Nicolas Roeg).

Libritos

23 septiembre 2010

Leo los dos pequeños libritos de Julián Rodríguez que ha editado Errata Naturae, y veo también detrás al Julián Rodríguez editor (de Periférica, una de las de mejor gusto de este país). Pasajes de Tríptico (Santos que yo te pinte es el título del otro) me hacen recordar, por motivos muy distintos, a Las correspondencias de Pedro G. Romero y a El agrio, de Valérie Mréjen, dos de los libros de su editorial que más me han gustado.

Por cierto, Errata Naturae va a editar en octubre dos libros muy interesantes: Guía de la novela negra, del pseudónimo Héctor Malverde; y, sobre todo, El juego del otro, ese libro raro que nace como resultado de una serie de experimentos sobre la impostura llevado a cabo hace un tiempo entre Paul Auster, Enrique Vila-Matas, Jean Echenoz y Barry Gifford.

Otro por cierto: el libro Correr, biografía novelada –y rara también, cómo no– de Emil Zatopek a cargo de Jean Echenoz. Edita Anagrama.

Periodistas, esa especie

23 septiembre 2010
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Un gran libro sobre periodismo. Bueno. En realidad no es sobre periodismo, sino que sus protagonistas pertenecen a la redacción de un diario (trasunto de un International Herald Tribune), siendo el propio diario también un protagonista más. Estructurada en forma de cuentos (cada uno dedicado a un personaje en concreto, aunque otros vayan apareciendo de refilón), Los imperfeccionistas, de Tom Rachman (edita Urano), narra la historia de este periódico del que hablamos, hecho por americanos en Roma, desde su creación en los años cincuenta hasta su desaparición en la actualidad. Caben prácticamente todos los tipos de periodista (el corrector, el redactor jefe, el corresponsal, el meritorio…) y, sobre todo, todas las formas en las que ese periodista puede o suele cagarla en su vida privada. Tampoco escatima el autor tres o cuatro reflexiones interesantes sobre el oficio. Un par de episodios –personajes, por tanto– son más flojos que los demás, pero el conjunto se lee del tirón, en realidad se devora si uno se dedica o ha dedicado a esto del periodismo.

‘El horizonte’, Patrick Modiano

21 septiembre 2010
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Más conocido ya en nuestro país desde la publicación de Un pedigrí (2007) y de En el café de la juventud perdida (2008), en Anagrama, ya podemos disfrutar de la obra de Patrick Modiano prácticamente en tiempo real: El horizonte, la novela que nos ocupa, vio la luz en su país en marzo. El horizonte vuelve a ser una novela corta, casi una nouvelle, y vuelve a incidir en las coordenadas narrativas conocidas: ese esfuerzo, achique de ojos y presión de dientes, ese estrujamiento de la mente en busca de recuerdos ocultos que hilen otros ya conocidos y completen el rompecabezas que, una vez unido –o no–, pueda arrojar luz sobre un pedazo de vida perdida.

El protagonista, un ahora anciano Jean Bosmans, trata de recobrar los momentos que pasó junto a una misteriosa joven llamada Margaret Le Coz cuando ambos apenas dejaban atrás la adolescencia. Una relación incierta, llena de sombras y de desconocimientos, que Bosmans intenta reconstruir a través de apellidos que le vienen a la mente, encuentros fortuitos o fugaces, gente conocida al azar, números de teléfono, bares, fogonazos en los que advierte un rostro, una fachada, un callejón o un papel escrito. Y las calles de París, sus barrios, sus cafés, sus aromas, de nuevo el Modiano topógrafo parisino, el rastreador, el guardián del alma más recóndita y olvidada de la ciudad.

Esta novela, que fluye a impulsos de esa memoria débil y no siempre fiable, como guiada por los últimos e intermitentes destellos de una bombilla a punto de perder para siempre la luz, es una prueba más del estilo tan propio de Patrick Modiano, digamos que la literatura modianesca: historias (re)construidas gracias retazos de memoria del tiempo perdido, de pedazos de vida atisbados a través de la niebla, de sombras que ocultan su rostro, de rostros que ocultan su nombre, y de nombres que ocultan su historia. Más cercana a Calle de las Tiendas Oscuras –con la que ganó el Goncourt en 1978– que a Dora Bruder (1997), El horizonte confirma a Patrick Modiano como uno de los más importantes y personales narradores europeos de las últimas décadas.

‘La librería’, de Penelope Fitzgerald

5 mayo 2010

Lo malo del éxito de La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons (Impedimenta), es que ha “hechizado” los dos lanzamientos subsiguientes de la editorial. Y los dos son muy buenos: La librería, de Penelope Fitzgerald, y Soy un gato, de Natsume Soseki. Tampoco es que les esté yendo mal, ambas novelas llevan ya dos ediciones, pero la atención se la ha llevado de calle Stella Gibbons.

Empecé a leer La librería con una pizca de más de impaciencia, lo que me impidió disfrutar de su, digamos, primera parte. Hace falta un poco de calma, dejar el estrés fuera, lo que estos días resulta complicado ya sea por la economía, los vaivenes climáticos o el apretado final de liga. El caso es que cuando se alcanza la mitad del libro, por el que hasta ese momento se ha transitado con cierta indolencia y dejadez, se siente uno irremediablemente capturado por esos personajes, ese clima y esas costumbres de un pequeño pueblo del sur de Inglaterra en el que tanto escozor provoca que una vecina tenga la feliz idea de abrir una librería.

El último tramo del libro –que es breve: 192 páginas– es de lo más placentero que he leído en muchos meses. Y he acabado leyendo las últimas páginas como a sorbos, una a una, así que al final le he concedido a La librería el tiempo que requería. Es un caso extraño éste en el que un libro te impone su ritmo, el modo en que exige ser leído, sin que puedas hacer nada por evitarlo. La librería se deja con una enorme tristeza, la que provoca el sutilísimo final, pero con una gran alegría por haberlo leído, porque es de los libros que perduran en la memoria.

Nick Clegg y los ‘tories’

28 abril 2010
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Nick Clegg, el líder de los Liberales británicos a quien los últimos sondeos sitúan con opciones de ser Primer Ministro, acaba de abrir los brazos a una posible coalición de gobierno. Pero se los ha abierto al Partido Conservador. Decisión extraña por dos motivos:

1: Es el Partido Conservador el que más le está atacando (y no digamos su prensa: Daily Telegraph, The Times, Daily Mail…).

2: Una parte nada desdeñable de la actual potencia de los Liberal Demócratas viene, en cuanto a cuadros y en cuanto a capital electoral, de laboristas disgustados y resentidos por el apoyo de su ex partido a la guerra de Irak.

La vuelta (momentánea) de Blur

28 abril 2010
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Blur, Fool’s Day, su nuevo single. El relato de un día cualquiera de un londinense cualquiera que acaba con una reflexión más abierta. Eso, o la crónica del día en que Blur volvieron a encontrarse. Damon Albarn, una vez más, a lo Ray Davies. Sin la ironía, con oscuridad. Son tiempos distintos, claro.

Larkin, Blake y The Verve, todo junto

30 marzo 2010

Una de las cosas de las que más me acuerdo de Dublinesca, el último libro de Enrique Vila-Matas, es del poema de Philip Larkin que le da título. Hablando un día con Vila-Matas al respecto de este poema, le pregunté si sirvió como una especie de punto de partida, si estaba ahí antes que el libro, a lo que me contestó que no, que llegó por el camino cuando el libro tenía opciones de titularse El salto inglés (el que haya leído Dublinesca lo entenderá). Me dijo esto más:

Había leído mucho a Larkin y un día caí en la cuenta de que tenía un poema sobre Dublín que se llamaba Dublinesca y fue entonces cuando lo incorporé al libro y decidí que la puta del poema sería la literatura, cosa que es difícil de razonar. Si tú me preguntas por qué la literatura es una puta no te lo puedo explicar con toda claridad”.

Pues bien, ese poema me estuvo rondando hasta que descubrí el motivo: me recordaba mucho a uno que había leído muchas veces en los años adolescentes. Es Londres, de William Blake, del libro Canciones de experiencia. Pego el poema –en traducción de Jordi Doce– porque no es muy largo:

Vago sin fin por las censadas calles,
junto a la orilla del censado Támesis,
y en cada rostro que me mira advierto
señales de impotencia, de infortunio.

En cada grito Humano,
en cada chillido Infantil de miedo,
en cada voz, en cada prohibición,
escucho las cadenas forjadas por la mente:

y escucho cómo el grito del Deshollinador
hace palidecer las oscuras Iglesias,
y el dolor del Soldado infortunado
ensangrienta los muros de Palacio.

Pero, al fin, en las calles de medianoche escucho
cómo la maldición de la joven Ramera
deseca el llanto del recién nacido,
y asola la carroza fúnebre de los Novios.

Y leyendo el original inglés me doy cuenta de que Richard Ashcroft perifraseó los primeros versos para la canción History, de The Verve, un grupo que en su día me gustaron mucho, en concreto la canción citada. Aquí va el vídeo, en versión mermada con respecto a la del álbum, que duraba un poco más.

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