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El escándalo del New York Times

26 mayo 2009

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A última hora de ayer informaron las ediciones web (antes en elmundo.es que en elpais.com) de la historia que publicaba The New York Times: dos de sus periodistas habrían tenido acceso a las pistas sobre el caso Watergate antes que el Washington Post de Bob Woodward (Robert Redford) y Carl Bernstein (Dustin Hoffman). En la noticia, que en elmundo.es es de agencia y en elpais.com de agencia más un par de frases propias, sólo se dice eso, que el Times supo las cosas antes que el Post. Así que, con ganas de saber qué cosas supieron y cómo las supieron he leído el artículo original (aquí), y cuenta lo siguiente, que a mí me ha dejado un tanto perplejo:

Robert M. Smith, un periodista de The New York Times, come un día cualquiera, en un restaurante de Washington, con el director del FBI L. Patrick Gray, quien “le reveló aspectos explosivos del caso [Watergate], incluyendo la culpabilidad del ex fiscal general John Mitchell, e insinuó la involucración de la Casa Blanca”, cuenta The New York Times.

Después de esto, Smith fue al periódico y habló con Robert H. Phelps, uno de los editores del diario. Según Smith, Phelps grabó la conversación, en la que el periodista le contó todo lo que había escuchado de labios del director del FBI. Y, después –y aquí viene lo increíble o injustificable o directamente estúpido–, Smith dejó la historia porque entraba a estudiar Derecho en Yale. Y, según parece, Phelps tampoco creyó mucho en el futuro de la historia puesto que nadie en The New York Times siguió con el tema que daría tanta gloria al Post y a los periodistas –y a los actores– arriba mencionados.

Smith recuerda esto ahora, tantos años después, porque Phelps lo va a publicar en una autobiografía. Y quieren decir: “Eh, yo lo supe antes”. Cuando en realidad están diciendo: “Eh, mirad qué estúpidos fuimos, qué poco perspicaces, qué episodio tan vergonzoso protagonizamos para nuestro periódico”. Smith, al menos, fue consecuente con el escaso ánimo periodístico que anidaba en él y se dedicó al Derecho. Phelps continuó en lo suyo, pero en el Boston Globe.

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