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La moda negra

14 julio 2009

Escrito por José María Guelbenzu el pasado sábado en El País.

No es oro todo lo que reluce. La recurrencia al psicópata es una percha de la que se han colgado demasiados autores que así se eximen cómodamente de crear un personaje; por ejemplo, el asesino en serie diabólicamente inteligente, que sólo existe en la imaginación exacerbada de escritores en busca de notoriedad. Un verdadero autor de novela negra tiene que combinar atmósfera, ritmo, tensión, conflicto y personajes en perfecto equilibrio, cosa bien difícil; por eso, cuanto mayor es el éxito del género, más mediocre es el resultado general. La genialidad de Per Wahloo y Maj Sjowall, el aire truculento de Fred Vargas, el esfuerzo riguroso de Harlan Coban, el modo impactante de Ross Macdonald… tienen entidad propia, una personalidad que los señala como verdaderos creadores. En fin, lo último es la “ola fría”, pero brutal, que encabeza Stieg Larsson y todo parece indicar que el lado violento de la vida reincide en el género, aunque todos sigan siendo deudores de la tradición norteamericana de un modo u otro. ¿Llegaremos a la saturación? ¿Nos acercamos al mimetismo? ¿Sufre el género de un vértigo por el “más difícil todavía”? Hammet, Chandler, Simenon, Cain… en fin, los grandes, inventaron otra manera de escribir y ahí reside a fin de cuentas -como siempre en la literatura- su grandeza. Ahora les toca a los nuevos, si no se dejan llevar por la moda, la complacencia, los “efectos especiales” y el dinero fácil.

Ahora que la novela negra se ha puesto tan de moda ocurren dos cosas: 1) la gran demanda facilita que se cuelen en las librerías medianías que acaba leyendo todo el mundo y que no hacen justicia a un género que siempre ha tenido costuras, de acuerdo, pero igual que cualquier otro género; y 2) los críticos literarios se esfuerzan –ya casi semanalmente, porque el tema está de moda– en separar grano de paja.

Entre estos últimos, a mí me da ya mucha pereza que se mencione siempre a Hammet y Chandler, como si cada vez que se escribiera un artículo sobre la novela francesa hubiera que recurrir a decir que Proust o Flaubert eran muy buenos. Que se hable más de los vivos, por favor.

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